enero 19, 2026
En definitiva, no es tan solo una pequeña grieta en el muro

Pedro Ignacio Rodríguez Hernández
Coordinador de Matemáticas de Primaria (KS2)
Supongamos que el colegio de tu hijo ya cuenta con un currículo completo, coherente y bien articulado, que das por hecho que está respaldado por una formación continua del profesorado (CPD) con sentido; que el colegio genera un sano interés y ofrece suficientes oportunidades para atraer y retener a docentes de calidad; que existe un conjunto sólido y sensato de valores que impregna la vida escolar; que el alumnado crece de forma constante; que los datos internos y externos avalan la eficacia de la práctica diaria del colegio; que hay canales de comunicación suficientes para garantizar que todos los miembros de la comunidad educativa puedan compartir sus sugerencias; y que las instalaciones cumplen los estándares y se adaptan a las necesidades del currículo. En otras palabras, parece que has elegido un gran colegio para tu hijo… pero aun así, quieres más.
Pues bien, este es el momento de descubrir la virtud que se esconde en los pequeños intersticios de la estructura del colegio. Píramo y Tisbe no consideraron una pequeña grieta en el muro como un motivo de preocupación, sino como una oportunidad para el amor; del mismo modo, podemos entender esos pequeños espacios entre los ladrillos del edificio educativo como oportunidades para que la organización crezca a través de pequeñas mejoras consecutivas.
Antes de que este “rellenado de huecos” pueda reforzar la calidad de la oferta educativa, son necesarios tres ingredientes imprescindibles: inspiración, recursos y apoyo. La inspiración, en realidad, es una cuestión de actitud personal. No es únicamente responsabilidad del equipo directivo inspirar. Quienes desean inspirarse encontrarán inspiración en el alumnado, en sus compañeros y en sus responsables. No obstante, estarán mucho más dispuestos a buscarla si saben que su organización está comprometida a respaldarla con recursos. Y sí, cuando hablamos de recursos nos referimos a tiempo, financiación, capacidad de adaptación e implicación del personal. El profesorado se muestra valiente a la hora de compartir propuestas, incluso modestas, cuando sabe que estos elementos están disponibles.
¿Cuál puede ser, entonces, la guinda del pastel de la oferta educativa de un colegio? Facilitar que los jóvenes participen en organizaciones y clubes juveniles, y que se inscriban en una variedad de competiciones y programas de reconocimiento. Los grandes colegios no solo miran hacia fuera para apoyarse en proveedores externos, sino que también desarrollan sus propias iniciativas.
Algunos ejemplos de propuestas externas especialmente relevantes en las que participan los colegios ELIS son:
- El programa internacional The Duke of Edinburgh’s Award
- El concurso Maths Talentum, organizado por la Universidad de Murcia
- Las Olimpiadas Científicas, organizadas por diversas universidades
- Las Olimpiadas Matemáticas, organizadas por la Sociedad de Educación Matemática de la Región de Murcia (SEMRM)
- El reto “Make a Difference” de Cognita
Y algunos ejemplos fruto de nuestros programas internos:
- Consejos de estudiantes
- Clubes de lectura
- Clubes de arte
- Clubes de ajedrez
- Competiciones interdisciplinares
- Una competición online interescolar de matemáticas de Cognita
- Competiciones entre las “houses” o casas entre las que se divide el alumnado.
- Desfiles de moda
- Competiciones deportivas, incluida la ELIS Cup…
Este tipo de iniciativas permite que las competencias y habilidades que a menudo permanecen latentes en muchas asignaturas, pasen a ocupar un lugar protagonista. Además, ayudan a los colegios a poner el foco en sus valores, convirtiéndolos no solo en el medio, sino también en el objetivo de sus acciones. Este conjunto complementario de programas puede favorecer de manera natural el desarrollo de contenidos transversales que, en ocasiones, resultan difíciles de integrar en la lección ordinaria, donde el currículo puede verse limitado por la necesidad de cubrir los objetivos principales.
Por último, los programas liderados internamente suelen facilitar la colaboración vertical entre alumnos de distintas edades, algo que ha demostrado ser eficaz para mejorar el comportamiento orientado al aprendizaje y para reforzar el sentimiento de pertenencia, consolidando la cultura del colegio y ayudando a brillar a aquellos alumnos que no siempre lo hacen en las clases habituales.