María José García Pérez

Coordinadora de necesidades educativas especiales y Subcoordinadora de protección del alumnado

 

Una pregunta que cada vez se plantean más padres y profesores. En clase cuesta retener la atención durante explicaciones largas. En casa, sentarse a leer sin mirar el móvil se ha convertido en un desafío. La sensación es que algo ha cambiado, que los niños se distraen más fácilmente que los de hace una década. ¿Es real esa percepción, o estamos idealizando el pasado?

Hay datos que lo respaldan. El pasado 8 de septiembre, la OCDE publicó los resultados de PISA 2025, la mayor evaluación educativa internacional, con más de 760.000 estudiantes de 15 años en 91 países. Las conclusiones muestran mínimos históricos: los países de la OCDE registran sus peores puntuaciones en lectura y matemáticas desde que existe este informe. España se sitúa por debajo de la media de la UE en las tres competencias evaluadas, con un retroceso equivalente a casi un año escolar. No es un problema de un país concreto: es una tendencia global.

 

¿Qué ha cambiado en cómo educamos?

Con la mejor intención, hemos tendido a reducir la frustración, a hacer los contenidos más atractivos, a evitar que los niños se aburran. El problema es que la concentración, como cualquier habilidad, se desarrolla cuando se ejercita: cuando hay que sostener el esfuerzo aunque la tarea no sea gratificante de inmediato, cuando hay que terminar algo aunque cueste, cuando hay que esperar. Un niño que nunca ha tenido que tolerar el aburrimiento tiene pocas herramientas para enfrentarse a una tarea larga y exigente. No es culpa suya: es el resultado de un entorno que, sin quererlo, ha entrenado la impaciencia.

 

Las pantallas: el factor que lo acelera todo

El informe PISA 2025 señala que el uso excesivo de dispositivos digitales y la distracción en el aula están asociados a peores resultados y menor compromiso con el aprendizaje. Acostumbrados a consumir vídeos muy cortos que no exigen mantener la concentración más de unos segundos, muchos jóvenes encuentran cada vez más difícil procesar textos largos o sostener el estudio. Las pantallas están diseñadas para captar la atención mediante estímulos rápidos y recompensas inmediatas, todo lo contrario de lo que requiere estudiar, leer en profundidad o resolver un problema complejo. La tecnología no es mala en sí misma, el mismo informe reconoce que un uso moderado y con propósito puede ser beneficioso, pero el uso sin estructura ni límites tiene un coste real.

 

La atención es una habilidad que se puede recuperar

La buena noticia es que la atención no es un rasgo fijo. Se puede trabajar. Establecer momentos sin pantallas, recuperar el hábito de la lectura en papel, respetar los tiempos de aburrimiento sin llenarlos de estímulos y mantener rutinas de sueño consistentes son medidas sencillas con impacto positivo. En casa, el papel de los padres es fundamental, no como vigilantes, sino como modelos: un hogar donde los adultos también leen, se concentran y desconectan del móvil es el mejor entorno para que un niño desarrolle esa misma capacidad.

 

Estrategias concretas que funcionan

  • El entorno importa. Mesa ordenada, luz adecuada, móvil en otra habitación. El cerebro asocia el espacio con la actividad; un rincón de estudio consistente facilita “entrar en modo concentración”.
  • Bloques de tiempo, no maratones. 25-30 minutos de trabajo enfocado seguidos de 5 minutos de descanso real (el método Pomodoro). Una sola tarea cada vez: la multitarea reduce la eficacia.
  • Sueño y ejercicio. Los adolescentes necesitan entre 8 y 10 horas de sueño; los niños, entre 9 y 11. Una caminata diaria de 20 minutos mejora la memoria y la atención. Son los pilares más sólidos que la ciencia ha identificado para el rendimiento cognitivo.

 

Cómo lo trabajamos en ELIS

En ELIS entendemos la concentración como una habilidad que se enseña y se practica. Integramos rutinas de gestión del tiempo y del esfuerzo en el aula, fomentamos el uso responsable de la tecnología y cuidamos el bienestar emocional de cada alumno como condición previa al aprendizaje. El mismo informe PISA que alerta sobre el declive global destaca como indicadores positivos la perseverancia y el sentido de pertenencia escolar: dos características que, en nuestra experiencia, van de la mano con el rendimiento real y que desde siempre hemos cultivado como valores fundamentales de ELIS. Los excelentes resultados de nuestros alumnos en los IGCSE, A-Level y PCE de este año son el reflejo de ese trabajo constante y compartido entre familias y colegio